
Los científicos han confirmado algo que durante años parecía casi ciencia ficción: los pulpos pueden saborear lo que tocan con sus tentáculos.
Un estudio reciente de biólogos marinos ha demostrado que las ventosas del pulpo no solo sirven para agarrarse a las rocas o capturar presas. En realidad contienen receptores químicos muy similares a los del gusto, lo que significa que el animal puede “probar” el entorno simplemente tocándolo.
Un sentido del gusto repartido por todo el cuerpo
Cada tentáculo de un pulpo está cubierto por cientos de ventosas, y en cada una de ellas hay sensores microscópicos capaces de detectar sustancias químicas en el agua.
Esto permite que el pulpo:
- Detecte presas escondidas en grietas sin verlas.
- Reconozca si algo es comida o peligro.
- Explorar su entorno de una forma mucho más sofisticada que otros animales marinos.
En la práctica, cuando el pulpo toca una superficie, su cerebro recibe información similar a cuando nosotros probamos algo con la lengua.
Un sistema nervioso casi extraterrestre
Los pulpos ya eran famosos por su inteligencia. Tienen unos 500 millones de neuronas, una cifra comparable a la de algunos mamíferos.
Lo más sorprendente es que gran parte de esas neuronas están en los propios tentáculos, lo que significa que cada brazo puede tomar pequeñas decisiones por sí mismo mientras explora el entorno.
Por eso algunos científicos describen al pulpo como uno de los animales más extraños e inteligentes del planeta.
Un descubrimiento con aplicaciones tecnológicas
Este hallazgo no solo ayuda a entender mejor a estos animales. También está inspirando nuevas tecnologías.
Ingenieros están estudiando las ventosas del pulpo para desarrollar:
- robots submarinos capaces de explorar el océano
- sensores químicos ultra sensibles
- materiales que “sienten” lo que tocan
El pulpo, que durante siglos fue considerado una criatura misteriosa, podría convertirse ahora en la inspiración de la próxima generación de robots inteligentes.
