
Dormir poco o dormir mal no solo provoca cansancio y falta de concentración. En los últimos años, la ciencia ha acumulado evidencias que muestran que la falta de sueño tiene un impacto directo y silencioso sobre la salud cardiovascular, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas.
¿Qué ocurre en el cuerpo cuando dormimos poco?
Durante el sueño, el organismo entra en un estado de reparación:
- Se regulan las hormonas del estrés.
- Desciende la presión arterial.
- El corazón late de forma más estable.
- Se reducen procesos inflamatorios.
Cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, estos mecanismos no se activan correctamente.
El vínculo entre sueño y corazón
Estudios recientes han observado que dormir menos de 6 horas de forma habitual se asocia con:
- Aumento de la presión arterial.
- Mayor rigidez de las arterias.
- Incremento de la inflamación sistémica.
- Alteraciones del ritmo cardíaco.
Con el tiempo, estos cambios pueden aumentar el riesgo de hipertensión, infarto y accidente cerebrovascular, incluso en personas sin factores de riesgo previos.
No es solo cuestión de horas
Dormir 8 horas no siempre garantiza un buen descanso. También influyen:
- La regularidad de los horarios.
- La calidad del sueño profundo.
- La exposición a pantallas antes de acostarse.
- El estrés mental mantenido.
Una persona puede pasar muchas horas en la cama y aun así no permitir que su cuerpo se recupere adecuadamente.
El estrés nocturno: un enemigo silencioso
El uso excesivo del móvil, el trabajo nocturno o la rumiación mental antes de dormir mantienen elevados los niveles de cortisol. Esto impide que el sistema cardiovascular “descanse”, manteniendo al corazón en un estado de alerta innecesario durante la noche.
¿Qué hábitos ayudan a proteger el corazón?
Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia:
- Mantener horarios de sueño regulares.
- Evitar pantallas al menos 60 minutos antes de dormir.
- Cenar ligero y temprano.
- Crear un entorno oscuro y silencioso.
- Practicar técnicas de relajación antes de acostarse.
Conclusión
Dormir bien no es un lujo ni una pérdida de tiempo: es una herramienta fundamental de prevención cardiovascular. Cuidar el sueño desde edades tempranas puede ser tan importante como una buena alimentación o el ejercicio físico para proteger el corazón a largo plazo.
