El congelador puede guardar una sorpresa: algunas verduras congeladas conservan cantidades de vitaminas comparables, e incluso superiores, a las de sus versiones frescas refrigeradas.
Comprar fresco suele parecer la mejor opción. Sin embargo, una investigación de la Universidad de California en Davis, publicada en 2015, mostró que la comparación tiene más matices.
Los científicos analizaron ocho frutas y verduras, entre ellas brócoli, zanahorias, guisantes, fresas y arándanos. Compararon su contenido vitamínico después de almacenarlas refrigeradas o congeladas.
En los alimentos estudiados, la vitamina C fue similar en cinco casos y mayor en las muestras congeladas en los otros tres. En conjunto, las vitaminas analizadas se conservaron de forma comparable, aunque hubo excepciones: el betacaroteno disminuyó considerablemente en algunos productos congelados.
Esto no significa que congelar mejore todos los alimentos ni que todas sus propiedades permanezcan intactas. El resultado depende del vegetal y del nutriente que se observe.
La conclusión rompe un prejuicio habitual: congelado no significa necesariamente menos nutritivo. Una bolsa de verduras puede ser una alternativa práctica para tenerlas disponibles y utilizar solo la cantidad necesaria.

