
El brócoli vuelve a ocupar un lugar destacado en la ciencia nutricional. Diversos estudios epidemiológicos y de laboratorio han demostrado que consumir brócoli de tres a cinco veces por semana puede reducir el riesgo de varios tipos de cáncer, entre ellos el cáncer de mama, próstata y colon. Este efecto protector se debe principalmente a los compuestos bioactivos presentes en las verduras crucíferas, especialmente el sulforafano, una sustancia con potente acción antioxidante y anticancerígena.
Investigaciones publicadas en revistas científicas de nutrición y oncología explican que el sulforafano ayuda a activar enzimas de desintoxicación del hígado, bloquea el crecimiento de células malignas y favorece la eliminación de células dañadas antes de que se vuelvan cancerosas. Además, el brócoli es rico en fibra, vitamina C, vitamina K y ácido fólico, nutrientes que fortalecen el sistema inmunológico y reducen la inflamación crónica, un factor clave en el desarrollo del cáncer.
Estudios observacionales han encontrado que las personas que consumen regularmente verduras crucíferas presentan menor incidencia de tumores digestivos y hormonales. En el caso del cáncer de colon, la fibra del brócoli mejora la salud intestinal y reduce el tiempo de contacto de sustancias tóxicas con el intestino. En el cáncer de mama y próstata, sus fitoquímicos ayudan a regular procesos hormonales y celulares.
Para aprovechar al máximo sus beneficios, los expertos recomiendan cocinar el brócoli al vapor por 3 a 5 minutos o consumirlo ligeramente salteado. Evitar cocciones prolongadas permite conservar mejor sus compuestos activos. Integrarlo en ensaladas, bowls, sopas o como acompañamiento es una forma sencilla de convertirlo en un aliado diario de la prevención.
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