La inteligencia artificial empieza a encontrar pistas sobre nuestra salud en algo tan cotidiano como la voz. Un nuevo estudio sugiere que la forma en la que hablamos podría ofrecer información sobre el envejecimiento cerebral y el deterioro cognitivo.
Los investigadores han desarrollado un sistema capaz de analizar cientos de características del habla, como el tono, el ritmo, las pausas o el vocabulario, para estimar una especie de “edad de la voz”.
Para entrenarlo se utilizaron grabaciones de casi 3.000 personas de habla española de varios países latinoamericanos, incluyendo participantes sanos y personas con deterioro cognitivo o distintos tipos de demencia.
Cuando la voz parece más vieja que la persona
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la llamada “brecha de edad del habla”.
Se trata de comparar la edad real de una persona con la edad que la inteligencia artificial calcula a partir de su manera de hablar.
Los investigadores observaron que las personas con problemas cognitivos tendían a presentar patrones de voz que el sistema interpretaba como más envejecidos.
Esto abre la posibilidad de que, en el futuro, la voz pueda utilizarse como un biomarcador digital para ayudar a detectar cambios relacionados con el envejecimiento cerebral.
¿Puede detectar el Alzheimer?
Por ahora, no.
Los científicos insisten en que esta tecnología no sirve todavía para diagnosticar Alzheimer ni demencia.
Sin embargo, algunos patrones encontrados en la voz se relacionaron con otros indicadores asociados a la salud cerebral, lo que hace que los resultados sean especialmente interesantes para futuras investigaciones.
Una prueba sencilla y sin agujas
Una de sus grandes ventajas es que analizar la voz sería mucho más sencillo que realizar otras pruebas médicas.
Una breve grabación realizada con un móvil podría proporcionar gran cantidad de información sin necesidad de agujas, escáneres ni procedimientos complejos.
En el futuro, incluso podría compararse nuestra voz con grabaciones anteriores para detectar cambios sutiles con el paso del tiempo.
Todavía serán necesarios más estudios y también habrá que garantizar la privacidad de las grabaciones.
Pero la idea resulta fascinante:
quizá algún día unos minutos de conversación puedan ayudar a los médicos a descubrir cómo está envejeciendo nuestro cerebro.

