Descubren minerales capaces de guardar agua en las profundidades de la Tierra

Dos nuevas formas de minerales ricos en hierro podrían explicar cómo nuestro planeta ha conservado agua durante miles de millones de años a enormes profundidades.

Cuando pensamos en el agua de la Tierra imaginamos océanos, ríos, lagos, glaciares o enormes reservas subterráneas. Sin embargo, una parte de la historia del agua de nuestro planeta podría encontrarse muchísimo más abajo, a miles de kilómetros bajo nuestros pies.

Un equipo internacional de científicos ha identificado dos nuevas fases de oxihidróxidos de hierro capaces de incorporar hidrógeno en su estructura bajo las extraordinarias presiones y temperaturas existentes cerca del límite entre el manto y el núcleo terrestre.

El descubrimiento, publicado en septiembre de 2026 en la prestigiosa revista Nature Geoscience, podría ayudar a responder una de las grandes preguntas de la geología: ¿dónde ha permanecido almacenada parte del agua primitiva de la Tierra durante miles de millones de años?

Agua donde parecía imposible

A esas profundidades no existen lagos ni océanos como los conocemos en la superficie.

El agua puede quedar incorporada químicamente dentro de determinados minerales. Los átomos de hidrógeno pasan a formar parte de sus estructuras cristalinas, permitiendo que enormes cantidades de material del interior terrestre actúen potencialmente como reservorio de agua.

Los investigadores han conseguido sintetizar experimentalmente dos nuevas fases de oxihidróxidos de hierro denominadas Fe₅O₁₂Hₓ y Fe₇O₁₂Hₓ.

Lo sorprendente es que estas estructuras permanecen estables bajo condiciones equivalentes a las que existen en las regiones más profundas del manto terrestre.

Eso significa que podrían haber funcionado como una especie de “caja fuerte” mineral para el agua de la Tierra.

Recreando el interior del planeta en un laboratorio

Naturalmente, ningún ser humano puede viajar hasta esas profundidades para recoger una muestra.

Los científicos tuvieron que recrear las condiciones del interior terrestre mediante celdas de yunque de diamante, dispositivos capaces de someter muestras diminutas a presiones gigantescas.

Posteriormente, las muestras fueron calentadas mediante láser.

Con este procedimiento se alcanzaron condiciones similares a las existentes cerca del límite entre el núcleo y el manto terrestre.

El resultado fue la formación de minerales extremadamente densos capaces de incorporar hidrógeno.

Su elevada densidad es especialmente importante, porque permitiría que estos materiales descendieran hacia las regiones más profundas del planeta en lugar de regresar rápidamente hacia la superficie.

Un depósito de agua con miles de millones de años

El hallazgo abre una posibilidad fascinante.

Algunos de estos minerales podrían haber comenzado a formarse durante las primeras etapas de la Tierra, cuando nuestro planeta todavía estaba parcialmente fundido y enormes océanos de magma cubrían buena parte de su superficie.

Parte del agua existente entonces podría haber quedado atrapada dentro de minerales que posteriormente descendieron hacia las profundidades.

De ser así, algunas regiones próximas al núcleo terrestre podrían conservar todavía agua procedente de los primeros capítulos de la historia de nuestro planeta.

Es decir, material que lleva allí miles de millones de años.

Pero también puede llegar agua desde la superficie

El proceso podría funcionar en otra dirección.

Las placas tectónicas transportan continuamente materiales desde la superficie hacia el interior mediante las llamadas zonas de subducción.

Cuando una placa oceánica se hunde bajo otra placa tectónica, arrastra consigo minerales hidratados.

Diversas investigaciones han demostrado que determinados minerales pueden transportar agua a grandes profundidades antes de liberar parte de ella.

Los nuevos oxihidróxidos de hierro podrían representar otro mecanismo mediante el cual ese hidrógeno continúe viajando hacia zonas todavía más profundas.

De hecho, otro estudio publicado en 2026 encontró evidencias de oxihidróxidos de hierro hidratados conservados dentro de un diamante natural procedente del manto terrestre, reforzando la idea de que estos minerales pueden participar en el transporte profundo de agua.

El ciclo del agua es mucho mayor de lo que vemos

En el colegio aprendemos un ciclo relativamente sencillo:

océanos → evaporación → nubes → lluvia → ríos → océanos.

Pero existe otro ciclo muchísimo más lento que puede durar millones o incluso miles de millones de años.

El agua puede descender junto con las placas tectónicas, quedar atrapada dentro de minerales, viajar cientos o miles de kilómetros hacia el interior y eventualmente regresar mediante procesos volcánicos y grandes corrientes ascendentes del manto.

Es lo que los científicos denominan ciclo profundo del agua.

Comprenderlo es fundamental porque el agua influye en las propiedades de las rocas, la formación del magma, la dinámica del manto y numerosos procesos geológicos.

Un posible vínculo con misteriosas regiones junto al núcleo

El descubrimiento también podría ayudar a explicar otro misterio del interior terrestre.

Los sismólogos conocen desde hace tiempo la existencia de unas zonas situadas cerca del límite entre el núcleo y el manto donde las ondas sísmicas reducen drásticamente su velocidad.

Se denominan zonas de velocidad ultrabaja.

Su origen continúa siendo objeto de investigación.

Según los autores del nuevo estudio, la presencia de estos densos minerales ricos en hierro e hidrógeno podría contribuir a explicar algunas de esas anomalías sísmicas.

Todavía no significa que el misterio esté resuelto, pero proporciona una nueva hipótesis que los investigadores podrán poner a prueba.

¿Hay más agua bajo nuestros pies que en los océanos?

Aquí conviene hacer una aclaración importante.

El descubrimiento no demuestra que exista un gigantesco océano líquido escondido junto al núcleo terrestre.

Los científicos tampoco conocen todavía qué cantidad total de estos minerales existe en el planeta.

Lo que han demostrado experimentalmente es que existen estructuras minerales capaces de almacenar hidrógeno bajo las condiciones extremas de las profundidades terrestres.

Determinar cuánto material de este tipo existe realmente será uno de los siguientes desafíos.

Una pista sobre el origen de nuestros océanos

La investigación tiene implicaciones que van mucho más allá de descubrir nuevos minerales.

Comprender cuándo y dónde quedó almacenada el agua durante la formación de la Tierra puede ayudar a reconstruir la historia de nuestros océanos.

También podría proporcionar información sobre cómo los planetas rocosos conservan o pierden sus elementos volátiles durante su evolución.

Y eso resulta especialmente interesante para la astronomía.

Si estos mecanismos también pueden producirse en otros mundos rocosos, estudiar el interior de la Tierra puede ayudarnos indirectamente a comprender cómo planetas situados alrededor de otras estrellas podrían almacenar agua durante miles de millones de años.

Un planeta todavía lleno de secretos

Vivimos sobre una capa extraordinariamente delgada comparada con el tamaño completo de nuestro planeta.

La mayor parte del interior terrestre permanece inaccesible y tenemos que estudiarlo indirectamente mediante terremotos, experimentos de laboratorio, minerales procedentes del manto y simulaciones.

Por eso descubrimientos como este son tan importantes.

A miles de kilómetros bajo nuestros pies, donde las temperaturas alcanzan miles de grados y las presiones son inimaginables, podrían existir minerales que han conservado parte de la historia química de nuestro planeta desde prácticamente sus orígenes.

Y quizá también una parte de su agua.


Fuente científica

Investigación: Dense iron oxyhydroxides as possible reservoirs of water under deep mantle conditions.

Publicada en Nature Geoscience, 8 de septiembre de 2026.

por Santi R.A.

Santi vive en Cornellà de Llobregat, Barcelona. Se dedica al diseño gráfico y a la maquetación de publicidad y catálogos, combinando creatividad con nuevas herramientas digitales y soluciones visuales cuidadas. La familia ocupa un lugar central en su vida y es una fuente constante de sentido y responsabilidad. En su forma de ver el mundo, el budismo tiene un peso importante: cree en la reencarnación, en el aprendizaje continuo y en vivir con mayor conciencia, serenidad y compasión. Busca una vida sencilla, con equilibrio, reflexión y coherencia entre lo que piensa y lo que hace.

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